El amor verdadero, lo puedo sentir cada vez
que un ser querido me abraza, o cada vez que hago reír a mis sobrinos, o esas
veces que veo a mis padres viviendo a plenitud. Si, el amor verdadero, ese que
te llena en todos los sentidos, ese que muchos profesan yo lo siento con
pequeñeces que son tan enormes como el edificio más alto del mundo. Nunca
cambiaria eso por nada, incluso si volviera a nacer me gustaría nacer de la
misma madre, tener el mismo padre, los mismos hermanos, los mismos sobrinos,
los mismos tíos, los mismos abuelos, los mismos primos. No cambiaría nada. Me
gustaría volver a sentir como los escalofríos se cuelan por mis pies hasta la
cabeza cuando la brisa me acaricia estando en los brazos de mi padre.
Desearía no seguir creciendo para así saberlos
eternos a todos, que no me falte ninguno. La vida es tan corta y eso me
atormenta por las noches antes de dormir. Sin embargo, insisto, al morir y ver
a Dios le pediré de favor que me mande de nuevo a esta familia mía. Y volver a
sentir este amor verdadero todos los días.
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