Es delicioso estar solo, en serio.
Escucho entre pasillos algunas risas salteadas y también una que otras voces de
personas que siguen viviendo día tras día lo mismo en sus vidas sin cambiar absolutamente nada. Repito, es
tan delicioso estar solo. Pero no estar en soledad, no quiero que se confundan
los términos, estar solo no es igual a sentirme solo. Me pondré los auriculares
para ya no escuchar esas risas y esas voces y solo escucharme a mi. Mil
recuerdos vagan por mi mente, de aquella infancia que añoro tanto, me
encantaría vivir de nuevo y estar rodeada de la misma gente, visitar a mi
abuela, la mamá de mi papá y que me regalara las maltas en secreto. O compartir
las noches de risas con mis primos en las pijamadas que nos inventábamos.
De verdad, me fascina estar sola. Así
puedo recordar con gusto aquellos tiempos o simplemente cerrar los ojos y
transportarme hasta esas épocas.
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