domingo, 15 de abril de 2018

20 NIÑOS WARAOS MUERTOS POR SARAMPIÓN


Volteamos a mirar a otro lado como si no se tratara de nuestros propios hermanos, como si incluso fueran personas que no están ni en este país ni en el mundo, porque así de egoístas somos, así de prepotentes y necios. Creemos que solo importamos nosotros mismos, nuestros allegados y que los demás pueden morirse y nos dará igual.

Quizás todo por lo que estamos pasando es un castigo, es una lección para que nos demos cuenta que no somos nada, somos tan insignificantes que podríamos desaparecer en cualquier instante y a nadie le interesaría en lo absoluto nuestra partida, ahora bien, lo veo desde otra perspectiva. ¿y qué pasa si yo decido ayudar a esos niños que diariamente están muriendo a causas de enfermedades erradicadas en otros países? ¿Qué tal si solo ayudo a uno? Puede que le cambie la vida, puede que él o ella me la cambie a mí, solo por ayudar a una persona, solo una de los billones de seres que somos, solo ayudare a uno y ese único ser me cambia toda mi vida y yo le cambio toda su vida. 

Son niños que pudieron ser mis sobrinos, primos, hermanos o incluso yo misma pude ser una de esos niños. Es dolor lo que siento, indignación, ganas de no pertenecer a un mundo tan perverso y tan egoísta. ¿Por qué simplemente no ayudamos difundiendo? Quizás alguien si vaya hasta el lugar y haga algo. Me imagino sus últimos pensamientos, siento su dolor, me parte el alma sus últimos respiros. No tienen culpa de haber nacido aquí, ahora. De tantas épocas, de tantos lugares, no tienen culpa alguna de justo haber nacido aquí y que eso les haya costado su sonrisa, su alegría, su mirada, su inocencia, su vida. Me puedo incluso imaginar el dolor de las madres en el último minuto, son solo niños, son solo niños y nada más. 

Ángeles inocentes, sin maldad, no hicieron daño, no mintieron, no robaron, no insultaron ni maltrataron a sus padres. Niños que querían vivir, como tú y como yo, niños que se imaginaban un día una casa, una familia, estudios, niños que soñaban cada tarde al ver el sol ocultarse, niños que veían el mismo sol y la misma luna que todos los demás. Niños que nunca más volverán, eran niños, ya no lo son, ya no existen, ya los enterraron y ya no sufrirán, sufriremos nosotros por seguir ignorándolo.

Esto con respecto a los 20 niños (puede que más) waraos muertos a causa del sarampión en la selva deltana, Venezuela.

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