Volteamos a mirar a
otro lado como si no se tratara de nuestros propios hermanos, como si incluso
fueran personas que no están ni en este país ni en el mundo, porque así de
egoístas somos, así de prepotentes y necios. Creemos que solo importamos
nosotros mismos, nuestros allegados y que los demás pueden morirse y nos dará
igual.
Quizás todo por lo que estamos pasando es un castigo, es una lección
para que nos demos cuenta que no somos nada, somos tan insignificantes que
podríamos desaparecer en cualquier instante y a nadie le interesaría en lo
absoluto nuestra partida, ahora bien, lo veo desde otra perspectiva. ¿y qué
pasa si yo decido ayudar a esos niños que diariamente están muriendo a causas
de enfermedades erradicadas en otros países? ¿Qué tal si solo ayudo a uno?
Puede que le cambie la vida, puede que él o ella me la cambie a mí, solo por
ayudar a una persona, solo una de los billones de seres que somos, solo ayudare
a uno y ese único ser me cambia toda mi vida y yo le cambio toda su vida.
Son
niños que pudieron ser mis sobrinos, primos, hermanos o incluso yo misma pude
ser una de esos niños. Es dolor lo que siento, indignación, ganas de no
pertenecer a un mundo tan perverso y tan egoísta. ¿Por qué simplemente no
ayudamos difundiendo? Quizás alguien si vaya hasta el lugar y haga algo. Me
imagino sus últimos pensamientos, siento su dolor, me parte el alma sus últimos
respiros. No tienen culpa de haber nacido aquí, ahora. De tantas épocas, de
tantos lugares, no tienen culpa alguna de justo haber nacido aquí y que eso les
haya costado su sonrisa, su alegría, su mirada, su inocencia, su vida. Me puedo
incluso imaginar el dolor de las madres en el último minuto, son solo niños,
son solo niños y nada más.
Ángeles inocentes, sin maldad, no hicieron daño, no
mintieron, no robaron, no insultaron ni maltrataron a sus padres. Niños que
querían vivir, como tú y como yo, niños que se imaginaban un día una casa, una
familia, estudios, niños que soñaban cada tarde al ver el sol ocultarse, niños
que veían el mismo sol y la misma luna que todos los demás. Niños que nunca más
volverán, eran niños, ya no lo son, ya no existen, ya los enterraron y ya no
sufrirán, sufriremos nosotros por seguir ignorándolo.
Esto con respecto a
los 20 niños (puede que más) waraos muertos a causa del sarampión en la selva
deltana, Venezuela.
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