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p.m. día 05 de septiembre, es el noveno mes del año 2016 y el vigésimo sexto
que cumplimos de un amor profundo. Sin embargo, no hablaré de eso en este
escrito. Aunque mi corazón se enoje conmigo debo tocar otros temas que me
carcomen el alma poco a poco. He tenido pensamientos acerca de la actual
situación que vive mi país Venezuela, y aunque esto esté presente desde hace ya
varios años parece que fuera nuevo en miles de venezolanos. Nos morimos de
hambre, literalmente, lo hacemos. Podemos pasar al menos dos o tres días sin
comer al menos una vez al día. Y eso teniendo mucha suerte porque si formas
parte de la larga lista de desempleados entonces estas jodido. Puede que tus
noches sean con el sonido de las tripas sonando dentro de ti porque no tienen ningún
alimento que digerir. Si, así estamos, aunque muchos quieran tapar el sol con
50 mil dedos no se puede, ojala yo tuviera la forma de hacer que lo que escribo
se hiciera realidad, lo que escribiría sería algo así: “Venezuela, desde el año
1993 te amé, desde que abrí los ojos, no te conocía pero sabía que serías mi más
grande y sincero amor, fui creciendo y solo iba enamorándome mas y mas. ¿Qué
has hecho para que te ame tanto? Puedes que te preguntes, bueno, te contestaré.
Me diste un océano en el cual perder mis ojos con el profundo de su azul mar,
me diste unos desiertos que son parecidos a los escenarios que describen en los
libros de literatura que alguna vez leí, me diste unas montañas que... bueno,
son la belleza más grande que he podido ver, el recuerdo de cómo salía el sol
entre aquellas montañas de Mérida es algo que jamás podre borrar de mi mente,
me diste una muy fría nieve, quizás para contrarrestar el calor que había en
aquel desierto, fuiste muy generosa conmigo al darme todo esto, pero no termina
allí. Me diste caminos y carreteras que recorrer para admirarte aún más, también
animales tan exóticos que solo puedan verse en ti, me diste unas personas a las
que sin conocer puedo llegar a querer y pueden quedarse profundo en mi corazón
porque así somos los venezolanos, contentos, amorosos, cariñosos. En cada lugar
se hacen querer. Venezuela, aun no creas que he terminado, no conforme con todo
aquello que me habías dado, aun seguías estando inconforme, así que pensaste y
pensaste ¿Qué puedo darle para que se enamore más de mí? Y lo encontraste,
cuando yo pensaba que no había nada más que amar de ti, tú me diste esperanza,
me diste fe, me diste ganas de luchar, me diste fuerza. ¡Bravo, Venezuela!
Conseguiste que estuviera aquí escribiéndote porque ya mi amor por ti traspasaba
mi piel, aquí me tienes, queriendo abrazarte y alejarte de quien te haga daño,
queriendo darte mi suéter por si tienes frio y curarte esas heridas que te
hicieron al pasar los años. Venezuela, quiero ofrecerte perdón, porque hemos
sido muy malos contigo después de todo lo que nos has dado. Perdóname, mi
Venezuela, hermosa, perdóname por no protegerte y por dejar que lloraras todas
las noches sola, perdón por dejarte sola después que tu diste todo por mí. Sin
conocerme me diste todo un país al cual amar y al cual decidiste apodar
Venezuela.”
Si,
si pudiera hacer que esto se volviera realidad solo lo haría para que Venezuela
me perdonara por haberme comportado tan mal con ella y dejar que sufriera
tanto.
Te
amo, patria mía, te amo libre, te amo prospera, te amo feliz, te amo amarilla,
te amo azul, te amo roja y te amo con 8 estrellas. Te amo con Bolívar, Miranda,
Bello, Sucre, te amo con tus virtudes y solo con eso porque defectos no tienes
alguno. Te amo hasta la muerte y cuando muera quiero volver a nacer de ti para
amarte nuevamente.
Daimylis
Villarroel.
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